En la tarde me dio un ataque de ira. No he podido resolver lo de la pensión de Noni. Perro gobierno, perra burocracia.
Necesitaba hacer una llamada para intentar agilizar el trámite y el teléfono de casa no servía. Tardé una eternidad en decidirme a descolgar ese aparato obsoleto y tosco y resulta que no daba tono. Me desquició que justo en ese momento hubiera un impedimento para realizar algo que vengo aplazando hace tiempo. Lancé el teléfono a la pared y cayó al piso. Regina lo levantó. Ángel negó con la cabeza.
Más tarde tuve mi periodo y todo tuvo aún más sentido.
Hoy no tomé Concerta.




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