Querer no es poder

Bitácora TDAH


Inercia

Cumplí seis meses de tratamiento farmacológico para el TDAH.

Los primeros días no sabía qué esperar, porque la información con respecto al metilfenidato, está increíblemente polarizada, así que oscilaba entre miedo/culpa y grandes expectativas del tipo: “uf, siento claramente cómo me puedo concentrar en una sola cosa y los demás pensamientos no logran infiltrarse…» «me cambió la vida», «desde el día uno fui totalmente productiva»… 

En mi caso, lo primero que sucedió fue que empecé a notar todas mis manías, mis despistes, mis divagaciones, todo lo que hacía para compensar, todo lo que hacía para evitar la vida. Cómo había normalizado la sonrisa falsa en las interacciones sociales y ese dolor alrededor de la quijada a causa de la tensión muscular. Me di cuenta que sí tenía «síntomas» que me jactaba de no tener, como la impermanencia del objeto.

Entrecomillo síntomas porque la impermanencia del objeto no es reconocido como un síntoma del TDAH. Personas neurodivergentes han catalogado así al acto de olvidar los objetos y las personas que no están al alcance de su vista, como los bebés menores de 8 meses que creen que su juguete dejó de existir si lo escondes bajo una almohada (Jean Piaget). Evidentemente los adultos entendemos que las cosas no desaparecen nomás por no verlas, lo que sucede es que las echamos al olvido, como la lechuga en el cajón de verduras o la ropa en el fondo del closet. A las personas que dejamos de ver, simplemente no las extrañamos, y admito que en ciertas ocasiones esto suele ser una ventaja.

Tuve la sensatez de sospechar que el medicamento no estaba aumentando mis síntomas, sino que me hacía ser consciente de ellos, tan consciente que llegué a pensar «estoy peor de lo que imaginaba».

Me deslicé escéptica pero esperanzada, como quien tienta un oasis con el piecito.

Y con los días fui percibiendo otros cambios. 

  1. Para empezar, mi idea de disfrutar se extendió.

Desde muy joven (adolescente, a decir verdad) me convencí de que sin alcohol no era posible relajarse, disfrutar, ser uno mismo. El simple hecho de tener el alcohol en el escaparate mental como el recurso de evasión por excelencia, me daba consuelo.

Aunque pasara semanas, incluso meses sin beber (en el embarazo por ejemplo), la esperanza de hacerlo me daba un enorme consuelo.

No imaginé que eso pudiera cambiar.

Mi teoría es que no soy alcohólica porque soy mujer y se me redirigió el apego a las relaciones de codependencia; me mantuve diez años emigrando de una relación destructiva a otra, con exactamente las mismas horribles dinámicas de celopatías y violencia en cada una. 

El psiquiatra que me diagnosticó me dijo “tienes suerte de ser muy inteligente”, creo que se refería a mi habilidad para compensar el déficit, para disimular mis carencias, para mantenerme al margen del alcoholismo, dada la historia de adicciones en mi familia.

Me explicó que la inteligencia es independiente del trastorno y que además hay niveles de afectación. Mejor dicho, que el TDAH es un espectro, como el autismo.

Con una inteligencia decente, un TDAH leve pasaría desapercibido. A menos que la persona en cuestión sufra un evento sumamente estresante o una crianza negligente y entonces el trastorno se potencie o se detone. Las posibilidades y las combinaciones son infinitas.

Estoy segura que la palabra clave de la afirmación del psiquiatra, no era inteligente sino suerte.

Buena suerte para la inteligencia, mala suerte para el neurodesarrollo.

Algo así como «afortunada en el juego, desafortunada en el amor»

Por lo menos esta nueva conciencia me dio otra perspectiva de las personas con adicciones derivadas de algún problema psiquiátrico. 

A mí, el alcohol me sigue gustando un montón, pero prefiero tomarme la pastilla y tener un día activo, que beber y desconectarme del mundo. Ya no lo pienso con añoranza ni lo concibo como la única fuente de placer. 

2.Otro efecto de la medicación que de verdad aprecio, es la energía. Disfruto hacer con ella las cosas cotidianas como cocinar, jugar con Regi, conversar como si quisiera agotarme la saliva y no sólo asentir con la cabeza al soliloquio de mis interlocutores. Toda una vida adaptándome a la norma me hizo creer que cada actividad era increíblemente difícil, porque yo era indescriptiblemente débil. 

Ahora me gusta sentirme activa y útil, con la capacidad de ver una película o leer un libro sin esforzarme horrores para no quedarme dormida. Así es la vida entonces. No necesitaba fuerza de voluntad sino dopamina. 

(¿Quizás pueda estudiar de nuevo?)

A pesar de todo esto, aún siento la inercia de actuar con pesadez y me regresa la idea de que todo debe ser extremadamente difícil, de que si no es tortuoso es trampa. Y no me refiero ni siquiera a terminar una carrera o a comprar una casa, sino a las actividades cotidianas como bañarme, salir de casa, interactuar con gente, volver a casa a salvo, ponerme la pijama…

Soy Erandy la tramposa, la que no sufre pero porque es tramposa y toma pastillas. 

Otras trampas son: la migraña, la ira y la frustración han disminuido un 80%.

Me pasa algo curioso. Resulta que cuando me fastidia el ruido, el contacto físico o dos personas hablando al mismo tiempo, y reacciono hostil o a gritos, recuerdo que no me he tomado la pastilla. Así de evidente es.

Aclaro que esa actitud reactiva no es un efecto secundario; así era yo antes del medicamento, con el respectivo masking dependiendo la persona y el contexto. En el trabajo es más necesario apagar los síntomas, que con amigos cercanos. Pero ya se sabe, todo masking trae sus consecuencias: migraña por ejemplo.

3. Aún me pasa que cada cierto tiempo, vuelvo a dudar del diagnóstico y viene la hipocondría.

Hace un mes me hice por fin el perfil tiroideo; era el único estudio que faltaba para descartar que mis síntomas fueran por algo hormonal.

El doctor me dijo: «está perfectamente bien» y me extendió la receta mensual para Metilfenidato y Venlafaxina.

Me senté media hora en la sala de espera para asimilarlo todo. 

Órale. ¡Conque tengo TDAH!



4 respuestas a «Inercia»

  1. Avatar de Libia Hernández
    Libia Hernández

    Te mando un abrazo Erandi con la admiración de leerte. Gracias

    Me gusta

    1. Querida Lib, la admiración es mutua. Gracias por leer ❤

      Me gusta

  2. Me encantó, gracias por compartir tu experiencia con tanta sinceridad, eres increible! 🙂

    Le gusta a 1 persona

    1. Gracias a ti por leer! Saludos 🙂

      Me gusta

Deja un comentario

¡Hola! Tu apoyo me ayuda a comprar mi medicamento y a seguir documentando el efecto de la medicación para el TDAH en esta bitácora ⬇️

PARECE CHISTE PERO ES ANÉCDOTA

Salí en patines rumbo al trabajo. Llegué al metro y descubrí que había olvidado mis zapatos. Volví a casa por mis zapatos y descubrí que había dejado la llave adentro. Compré unas chanclas en el supermercado y me fui al trabajo. El día apenas comenzaba.

Suscríbete

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar