Querer no es poder

Bitácora TDAH


¿Yo era el volcán? 

Basten las primeras línea para convencer:

Primero cayó la prótesis dental sobre las baldosas azules de tu patio. Se partió y fue gracias a ese sonido metálico y áspero que dejaste de caminar. Te agachaste para agarrar una de las mitades. Notaste que era vieja y de alguien descuidado, sin ningún tipo de higiene dental. 

Lo oía mientras me afanaba en raspar del piso unas manchas coloridas de plastilina. Algunas parecían parte del diseño extravagante del piso, otras se habían adherido a las grietas de los mosaicos como caries en expansión. 

Me gustó tanto el cuento que lo reproduje de nuevo; es un ritual de cada mañana escuchar cuentos que me fascinan. Unos audífonos rojos de diadema, son parte de mi outfit de ama de casa en resistencia.

Te preguntaste de quién podía ser, si a algún vecino se le ocurrió tirarla o se le cayó. Ibas a dar un paso más, para agarrar la otra mitad, pero te quedaste meditando sobre la pequeña ironía de encontrar una prótesis dental justamente en tu patio, el patio de una dentista, y en ese momento cayó el cuerpo de Menéndez, segundos después de su prótesis…

De pronto sospeché que había hecho cita con la dentista para esta semana. Pausé la reproducción y revisé en el calendario, en el pizarrón de la pared, en el chat conmigo misma… Sí, la cita era hoy, justamente hoy.

Dejé las manchas y la espátula, pasé por Regina al kinder y tomamos un taxi hacia la clínica.

Nos sentamos junto a un anciano corpulento que resolvía un crucigrama. Saqué de la mochila un plátano y un libro de cuentos que detesto y que Regina ama. Eligió «Aurora la roncadora», una adaptación malísima de La bella durmiente, que conserva la narrativa del amor romántico con un plot twist de practicidad para moldear conductas.

La princesa se quedó dormida por cien años hasta que un príncipe la despertó con un beso…

—¿¿Qué??, ni lo conoce. —Detuve mi lectura y entrecerré el libro—. Nadie nos puede despertar con un beso, Regi, ¿ok? Mucho menos si no lo conocemos.

El anciano carraspeó y se contrajo, luego, como si un demonio lo poseyera, arrastró escandalosamente una flema desde la garganta hasta la boca. Se levantó en automático y escupió en el bote de basura de la secretaria. Dos veces más hizo lo mismo, aprovechando que la mujer estaba ausente. 

Aguanté el asco y me concentré en improvisar un final alternativo para Aurora. 

—¿Qué guapa señora es Claudia Sheinbaum, verdad? —me interrumpió el anciano, como si existiera una analogía irresistible que yo no alcanzaba a comprender entre estas dos mujeres; la del sueño profundo y la candidata a la presidencia.

Sonreí con los labios apretados sin decir una palabra, y me dispuse sin éxito, a continuar mi narración. 

—La vi en la mañana en una entrevista —prosiguió—, qué bien habla, qué bonita es. Y así sin maquillaje, con su carita lavada. 

Esto se lo tengo que contar a Susy, pensé. Una lista de anécdotas para Susy.

El cuerpo infecto del anciano comenzó de nuevo a contraerse, con esos desquiciantes espasmos guturales que anunciaban el nacimiento de otra flema con destino al basurero.

A lo lejos vi a Ángel y corrí hacia él con Regina en brazos. Se la entregué y se fueron a esperarme al parque de Las jacarandas.  

Faltaban quince minutos para mi cita y aproveché para lavarme los dientes.

Mientras me veía al espejo, noté una Erandy madura, a un paso de la autosuficiencia, capaz de dejarse llamar «señora» sin ofenderse. 

La espuma blanca salía de mi boca como lava helada. ¿Yo era el volcán? 

La dentista que me asignaron era nueva. De inmediato hicimos clic. En su bocina sonaban Los hombres G ¿casualidad o algoritmo?

Me recosté, abrí la boca. Me indicó el procedimiento; algo muy sencillo. Succionó mi saliva. ¿Vencí el miedo añejado al dentista?

—Todavía ni siquiera empiezo y ya estás temblando —dijo la doctora, con una carcajada.

No se puede argumentar nada con la boca tan abierta, así que hice una lista mental para tranquilizarme: 

✓Terminar de sacar las manchas de plastilina del piso.

✓Pensar finales alternativos al cuento «Aurora la roncadora»

✓Anécdotas para Susy

✓Googlear «Claudia Sheinbaum sin maquillaje»

Me dijo que tenía bruxismo, contractura en la mandíbula, desgaste dental. Tiene sentido. Todo se alinea con el diagnóstico de TDAH.

Me formé en Farmacia para recibir mis desinflamantes. Era una fila eterna que daba la vuelta al jardín y se extendía hasta Planificación familiar. 

Cuando la fila había avanzado considerablemente, vi acercarse al anciano robusto y fingí buscar algo en la mochila. 

—¡Hola! —me dijo con toda familiaridad.

—Hola, qué tal —contesté sin remedio.

—¿Me metes a la fila? 

No, señor. No lo conozco.

Parpadeó pesadamente y dio un suspiro patético.

—Bueno, quédese aquí —concluí.

—Yo tengo una hija de tu edad pero no quiso tener hijos. A ver quién la cuida de vieja. Qué bonita eres…

Empezó a contraerse de nuevo con su escándalo gutural; buscamos con la mirada un bote de basura pero no había ninguno alrededor. Se tragó la flema. 

La fila era larga. Lo de siempre: apreté los dientes, los froté, repliqué imperceptibles melodías molares. Todo tiene sentido.

Clínica 10 del IMSS


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PARECE CHISTE PERO ES ANÉCDOTA

Salí en patines rumbo al trabajo. Llegué al metro y descubrí que había olvidado mis zapatos. Volví a casa por mis zapatos y descubrí que había dejado la llave adentro. Compré unas chanclas en el supermercado y me fui al trabajo. El día apenas comenzaba.

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