Querer no es poder

Bitácora TDAH


El shampoo antes de la ducha

1. Confesión (un secreto a voces)

Desde hace algún tiempo quiero escribir un libro de relatos eróticos. 

Me detienen las mismas cosas que para otros proyectos, más una: los últimos años me he dedicado a la autoficción o a los géneros híbridos1, y cualquier parecido con la realidad, no parecería mera coincidencia. O sea, por más ficción que fueran, mis relatos pasarían por experiencias propias estilizadas.

¿Que si me importan las apariencias, el qué dirán?

Al parecer no sólo eso, además me interesa cuidar la susceptibilidad de mis amores, cosa que por cierto, jamás me han pedido (una no pasa de 3 años). No obstante, es algo que necesito desbloquear de a poco y decidí que éste será el primer paso. No me juzguen, qué puedo decir; fui (me fueron) evangélica muchos años de mi infancia/adolescencia y el sentimiento de pudor y culpa se instauraron de planta.

En este sentido, tal vez éste sea un intento de despegar el cochambre judeocristiano que no he podido raspar ni con espátula y agua hirviendo; que el erotismo sirva de ácido muriático. Así pues, es mi deseo reunir algunas buenas anécdotas eróticas y ficcionarlas, sin negar la posibilidad de desdibujar los límites y de causar sospechas. 

2. La dinámica 

Tengo un ejercicio para comprobar el estado de la memoria de mi papá. Le cuento anécdotas del pasado con la consigna de que al finalizar cada una, responda si en verdad pasó o yo me la inventé. Las que me invento tienen que ser suficientemente verosímiles y con lujo de detalle, para despistar. 

“¿Te acuerdas qué seguido me iba de pinta en la secundaria? Tú te asegurabas de que entrara y de algún modo yo siempre terminaba vagando en Plaza Center o en casa de Lizbeth. Hasta que descubriste que me saltaba la barda del patio trasero. Entonces te ponías a vigilar un buen rato desde la esquina. Yo asomaba la cabeza de a poquito, y te veía montado en tu bicicleta Benotto roja, listo para enfrentarme en cuanto me vieras escalar. Pero yo era paciente y tú te cansabas rápido, así que preferías irte sin saber el desenlace. Por supuesto yo me saltaba la barda. Fin. ¿Eso pasó o no?»

Mi papá dice que sí con su dedo, sonriendo con complicidad. Le doy un chocolate, creo que más por la complicidad que por el acierto.

Así me la llevo: una verdadera, dos falsas, dos verdaderas, tres falsas, según sea mi creatividad; las anécdotas falsas son increíblemente difíciles de improvisar y de mantener congruentes con mis gestos y lenguaje corporal.

¿Te acuerdas cuando fuiste por mí al MP de Acatlán por tomar bebidas alcohólicas en la vía pública? Sí/no

¿Te acuerdas cuando se descompuso mi muñeca recién comprada y en vez de reclamar la garantía, le abriste la cabeza para ver qué estaba mal? Sí/no

¿Te acuerdas cuando me dio una crisis de ansiedad en la cafetería de la colonia porque la dueña me acusó de darle un billete falso y llamó a la patrulla? Sí/no

¿Te acuerdas cuando leíste uno de mis poemas a tu hermana favorita porque te sentías muy orgulloso? Sí/no

¿Te acuerdas…

Hasta ahora no ha fallado en ninguno. Es más un modo de convivir, creo yo. 

Con esa dinámica se me ocurrió resolver lo del libro; pediré a cinco o diez amigos que me relaten sus experiencias eróticas más memorables. Luego las ficcionaré, con todo lo que eso implique. Dos o tres relatos podrían estar basados completamente en experiencias mías. Quizás ninguno, o todos. Nadie lo sabrá. 

Sea todo este contexto un gran disclaimer para que si el libro llega a manos de mi abuela, yo pueda decirle: te juro, abue, que a mí no me pasó; me lo contaron y yo sólo lo escribí. Mi abue es todos.

3. El plot twist

Nunca he publicado un libro y mi plan era hacerlo con una antología de cuentos autoficciosos. Pero justo ahora está pasando tanto en mi vida (de la cual extraigo susodicho material), que quedé pasmada sin poder procesar los acontecimientos y dejé el proyecto a punto de turrón.

Luego llegó como remate la opinión de mis amigos expertos: si quieres publicar, tienes que autopublicar. Eso significa invertir. Significa no considerar que alguna editorial dé valor a los escritos de una hija de vecina. Significa, para mí en este momento y en esta resolución prematura y arrojada, que migre a un tema popular.

O mejor dicho, que dé prioridad a ese tema popular (lo erótico) que paralelamente he ido explorando a lo largo de los años, como apuesta para mi primer libro publicado.

Así que, 1) con perdón de mi abuela, haré el registro de las experiencias eróticas de mis amigos y las ficcionaré a voluntad, 2) cuando acabe ese proceso de registro, escritura, edición, impresión, regresaré a venderte el libro, querido lector que has llegado hasta acá.

Escribir es placentero, pero quiero que deje de ser sólo un hobby. Ya se sabe: hay que pagar la renta y las necesidades del espíritu (sea lo que fuere que eso signifique para cada uno).

4. El cinismo

Acepto:

  1. Invitaciones para presentar el libro en centros culturales, cafés, oficinas, cantinas… etcétera. 
  2. Patrocinio y mecenazgos. 
  3. Porras para inhabilitar mi ansiedad y concluir este proyecto.
  4. Invitaciones para dar talleres de escritura creativa
  5. Apúntate en la lista de preventa 

Sí eres mi amigo y estás leyéndome, probablemente te escriba para que me cuentes a detalle tus cosas más íntimas. (Ve pensando cómo decirme que no, mamona)

EPÍLOGO

Si crees que esto no tiene nada qué ver con el TDAH, mira cómo este comentario de tintametalica me recordó una manera arriesgada pero eficaz para finalizar un proyecto. Es justamente lo que intento hacer aquí.

  1. Hay que nombrar, ni modo. Yo pienso mi escritura como el resultado de la resignificación de mis experiencias personales y de mi intimidad, con fines literarios y que puede o no devenir en lo catártico. El lector advierte que hay relación con la no ficción, pero no tiene la certeza de dónde están los límites.
    ↩︎


Deja un comentario

¡Hola! Tu apoyo me ayuda a comprar mi medicamento y a seguir documentando el efecto de la medicación para el TDAH en esta bitácora ⬇️

PARECE CHISTE PERO ES ANÉCDOTA

Salí en patines rumbo al trabajo. Llegué al metro y descubrí que había olvidado mis zapatos. Volví a casa por mis zapatos y descubrí que había dejado la llave adentro. Compré unas chanclas en el supermercado y me fui al trabajo. El día apenas comenzaba.

Suscríbete

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar