Querer no es poder

Bitácora TDAH


Papá: he aprendido a usar el taladro


Sé que antes de alegrarte, pondrás cara de preocupación y si pudieras me convencerías de no volverlo a usar jamás.

De pronto comprendí (qué sorpresa), que pedirte ayuda con las reparaciones era una pequeña forma de mantenernos cerca, aunque muchas de esas ocasiones terminamos peleados. Sobre todo las últimas, en el departamento de Mocte 2, cuando me instalaste un cortinero y acabaste en el suelo.

No sé cómo enfrentabas el taladro cuando la discapacidad motriz ya se te había comenzado a revelar. Asumías en silencio la frustración de volverte paulatinamente torpe.

En silencio siempre.

Pienso en ese último trabajo en el que estabas a muchos metros de altura, sujeto con un arnés, en un elevador externo. Pobre papá; temías que el cuerpo no te obedeciera e inventabas excusas para faltar. Te corrieron y los demandaste.

En el Centro de Salud te dieron pastillas para el mareo. En el Seguro Social te midieron la longitud de las piernas. Y no estabas mareado, ni asimétrico. Pero qué manera de enterarnos.

Nunca sabré qué tan atrás ir en mi memoria para reivindicarte. Voy a perdonarte todo entonces, no me queda de otra. Si pudieras contestar a eso dirías que no, que no te perdone. O que no tengo nada que perdonarte.

Pero no puedes, y así está bien.

Regina me preguntó por qué estaba haciendo hoyitos en la pared y le tuve que explicar todo lo que yo acababa de aprender en Youtube con Luz Blanchet.

Noté que tenía auténtica curiosidad porque me dijo “no entiendo, mami”, entonces le expliqué de nuevo, desde cero, con toda la paciencia que amerita una niña de 4 años que además es mi hija. De mujer a mujer, le dije qué es un taquete, un tornillo, un taladro y un martillo; luego los pasos a seguir para fijar algo a la pared. También quiso saber por qué fijar cosas a la pared si se pueden dejar en el suelo y si el taladro es como una licuadora.

Tranquilo, le aclaré que sólo los adultos hacemos agujeros y usamos herramientas, aunque le pedí que me pasara uno a uno los tornillos hasta que se nos acabaron los de cruz y mejor nos fuimos a desayunar; era Semana Santa y no había tlapalerías abiertas.

“¿Tlapalería?”, preguntó. Mientras le explicaba me di cuenta de que tal vez le estaba definiendo una ferretería, luego recordé que cuando era niña me mandaste con mi tío Baldo a ver si tenía un cautín para fundir estaño y yo le pregunté si tenía un fundillo que te prestara. Siempre te ha hecho reír esa anécdota. A mí no tanto, la verdad; creo que “fundir estaño” es fonéticamente muy similar a “fundillo”. Es hora de que lo admitas. Otra muestra de que mi memoria de trabajo siempre ha sido disfuncional. O poética, en el mejor de los casos.


En la tarde Ángel se dispuso, por fiiiiin, a instalar el brincolín, pero Regi le escondió los tornillos para dármelos. Sentí que me estrujaban el corazón cuando la vi frente al papá, negando con la cabeza, con el puñito cerrado en la espalda, ocultando los tornillos de cruz. Me sentí cómplice de su pecadito.

Ensayamos un chiste para contártelo pero nos salió mal.
Original: ¿Sabes qué hace un perro con un taladro? Pues ta-ladrando
Versión Regina: ¿Sabes qué hace un perro con un taladro? Guau- guau

Me reí tanto que ella rebobinó en su cabeza el chiste hasta que lo entendió. Lo mismo pasó con el de la cereza y el de la cuchara, aunque sospecho que los entendió mucho después de lo que nos hizo creer. Es muy inteligente para pasar desapercibida, así como tú.

Quiero decirte que esto de hacerme cargo detonó porque le pedí a Ángel ayuda con una repisa y de nuevo me dio largas. Entonces me le fui encima con la lista de reparaciones atoradas y al expresarlo, quién lo diría, vi el trasfondo.

. Cambiar de lugar la repisa de los patines. (Invade el trayecto de la resbaladilla)
. Instalar un juguetero para los peluches
. Empotrar la televisión en la pared
. Cambiar mi escritorio de lugar (¿no es absurdo que esté en plena sala?)
. Destapar los quemadores de la estufa (cocino con la mitad del fuego desde hace meses)
. Instalar la repisa plegable (la que se venció con una de tus caídas. ¿Aún tienes el golpe?, los 3 huecos enormes en la pared, no dejan de recordarme ese día…)
. Resanar los 3 huecos que quedaron en la pared cuando se venció la repisa plegable.
. Liberar la desembocadura de la resbaladilla; da hacia la pared… (Esa resbaladilla me recuerda al capítulo de los Simpson en el que construyen la escalera eléctrica hacia la nada)

Me gustan las listas. Por lo menos a mí, me ayudan a poner los pies en la tierra. Por lo menos a mí, digo.

En mis listas pueden caber reproches, referencias, empoderamiento, ironías; lo que pierden en practicidad, lo ganan en poiesis. Aunque la mía sí ha sido práctica; ya llevo la mitad.

Voy a reivindicarme conmigo misma. Haré todo el ruido que sea necesario; voy a destruir paredes si se me da la gana, voy a decirte: “quiero un abrazo y una charla. Para lo demás no te necesito”



Deja un comentario

¡Hola! Tu apoyo me ayuda a comprar mi medicamento y a seguir documentando el efecto de la medicación para el TDAH en esta bitácora ⬇️

PARECE CHISTE PERO ES ANÉCDOTA

Salí en patines rumbo al trabajo. Llegué al metro y descubrí que había olvidado mis zapatos. Volví a casa por mis zapatos y descubrí que había dejado la llave adentro. Compré unas chanclas en el supermercado y me fui al trabajo. El día apenas comenzaba.

Suscríbete

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar