(con el sesgo poético de la memoria)
Las lecturas incansables con Regi. Su pequeña biblioteca.
El rompecocos
La primera vez con el tarot.
Mi humor negro saliendo del closet
Mis audífonos
Mis tías paternas, mi abuela materna.
El reencuentro Chiquibanda
Los búlgaros
Los regalos perfectos de Ángel
La tela Magali colgando de mi sala
Pánfilo, el cotorro
El alka-seltzer boost
La app Bookmate
Los agarrones con Demian
Mis nuevas mujeres
Las juntadas de escritura de Marisela Guerrero
La excelente recuperación del Bombo
El anhelado descanso de papá
Mi enamoramiento con la danza aérea
El té chai, el ponche con fruta aparte, los bombones quemados en fogata.
La coincidencia con la doctora Viri. El abrazo que me dio al final de la consulta.
El bar de enfrente que facilitó mi reintegración a la vida social.
El departamento que renté algunas veces por Airbnb, aquí en la ciudad, para poder tener momentos de convivencia con mi padre.
Estos parques, renombrados por Regi, donde pasé tantísimas horas al calor del chisme comunitario, mientras ella hacía cosas de niña, incluyendo las peleas por el territorio y el liderazgo:
- Parque de las flores
- Donde pasa la gente
- Los costales
- El de los nenes
- El calacas (este conserva su nombre original)
La casa de Abi, donde conocí la tinga de zanahoria, el ceviche de mango, los cigarros de plátano y el abrigo inigualable de la amistad entre mujeres.
Esa juguería impensable a mitad de la Avenida Pantitlán, donde la sangría preparada, el jugo verde más delicioso del mundo y la compañía de tres valientes escuderos, me hicieron olvidar que estaba esperando a que me entregaran las cenizas de mi padre.
Los libros: El verano que mi madre tuvo los ojos verdes, de Tatiana Tibuleac, La educación física, de Rosario Villajos, La hija única, de Guadalupe Nettel, Ceniza en la boca, de Brenda Navarro, Sacrificios humanos, de María Fernanda Ampuero, El peligro de estar cuerda, de Rosa Montero. Los cuentos Sangre coagulada de Mónica Ojeda, y Los aposentos del aire, de Socorro Venegas.
La propia valoración de: mi curiosidad, mi infatigable capacidad de asombro y mi valentía.
Mi nuevo dejar ir y mi recién adquirida conciencia de la ceguera temporal.
Los masajes relajantes en la Feria de la salud a la que me invitó mi mamá, y que desembocaron en acupuntura y quiropráctico. El día que el neurólogo nos dijo cara a cara, que el café es maravilloso y en seguida nos alentó a tomar hasta cuatro tazas al día.
Mi uña enterrada y la subsecuente reflexión sobre el dolor físico.
Mis presentaciones de danza y la confirmación de que el entrenamiento invisible a lo Oldboy, funciona.
El pastel de 5 chocolates de Gaby
El neologismo de Regi: Enchistosar. Una broma que le hace un payaso a otro payaso, o un bromista a otro bromista.
La revelación de que idealizar es una forma de arrebatar la humanidad.
Un escrito pesimista que nunca arrojé al fuego.













































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