Querer no es poder

Bitácora TDAH


Como quien tiene voluntad

For this is the beginning
Of forever and ever
It’s time to move over
It’s all I want to be

El domingo es mi día favorito desde que empecé danza aérea hace tres meses.

Lo primero que aprendí fue a hacer una inversión, o sea quedar colgando de cabeza. Al lado de mí estaba Luz, una niña de 10 años que lo hacía parecer facilísimo. La maestra me explicó los pasos y en el primer intento di la vuelta completa; eso sí, con un gritito de señora intrépida. Es la estrella de mar, dijo Luz. La cabeza y las extremidades forman los cinco picos.

Fue fácil, sin dejar de ser emocionante; por ese shot de dopamina desde la primera clase, supe que me quedaría. Pronto me resultó que, para la intensidad de mi alma, hora y media a la semana era muy poco, así que le pedí a Ángel de regalo de cumpleaños, una instalación en el techo donde poder colgar mi propia tela.

Todo estaba fluyendo muy rápido desde mi primera estrella de mar; sólo habían pasado poco más de ocho domingos cuando la maestra convocó a una presentación en el teatro Isabela Corona. Por supuesto acepté.

A partir de que Ángel colocó la instalación en el techo, tuve siete días para memorizar la secuencia de mi coreografía. 

Siempre he reconocido el fallo de mi memoria, sobre todo en momentos de tensión. Mente en blanco y todo eso. En la escuela las mnemotecnias fueron mis tímidas aliadas; recursos compensatorios de los que apenas dejé de avergonzarme; sospecho que de ahí proviene gran parte de mi creatividad.

Esta vez mi técnica fue hacerme un diseño en las uñas con las figuras de mi coreografía en secuencia: vueltas de sirena, palitos, Buda, flor de loto, pajarito, cisne, gacela. Legalicé mis trampas y me gustó.

Lugas Beauty Salon

Ojalá esos siete días hubieran sido sólo ensayos caseros y uñas bonitas. Tuve que re acostumbrar a mi cuerpo al medicamento para el TDAH porque el IMSS me dejó en desabasto por tres semanas. Parece que también la constancia en las tomas influye en el efecto a largo plazo, a pesar de ser medicamento de liberación inmediata. ¿Qué no se metaboliza y desecha en 4 horas a diferencia de las cápsulas de liberación prolongada, o a diferencia de los antidepresivos? ¿Por qué aunque no hay síntomas de abstinencia, siento que empiezo desde cero y no tengo la misma energía y enfoque que había ganado los meses anteriores? Todo es igual o más caótico en mi mente…en mi entorno. Me atraso en el trabajo, olvido las rutinas, de nuevo viene la sensación de andar sobre lodazales.

10 pm. Olvidé las llaves dentro.
No hay nadie en casa

Esa misma semana llevamos a mi papá a su cita de primera vez en el hospital Juárez. Mi mamá consideró prudente tener el respaldo de un hospital más cercano, además desde que lo diagnosticaron en el Instituto de Neurología, no lo llevé de nuevo a revisión; ¿para qué hacer ese viaje?, todos esos días de papeleo, estudios con tecnología de punta y rehabilitación con los neurólogos más importantes del país, han servido de poco (o de nada). 

Así que fuimos al Juárez a escuchar la misma verdad en voz de otro especialista. Me sorprendió la entereza con que la neuróloga dijo las palabras síntomas agresivos y mejorar no. Di un beso en la frente a papá y le rodaron dos lágrimas. Sólo dos. Salimos de aquel pequeño consultorio que recordaba un teatro de cámara, con su público selecto y su trama caprichosa. La silla de ruedas apenas libraba la salida. Hubo que atravesar una vez más el umbral del sinsentido.

La gente en la sala de espera nos miraba agradecida con Dios por no estar tan peor. Nos alejamos de prisa, de rampa en rampa, como si conociéramos el final de la representación. Como si yo recuperara de pronto toda la destreza que el medicamento me había estado negando.

Por fin llegó el día de mi evento. 

Mis compañeras y yo, principiantes la mayoría, estábamos tan nerviosas como las avanzadas. Cada que se acercaba el turno de alguna, se le notaba la cara seria y la respiración profunda. Equivocarse, caer, hacerlo mediocre, quedarse en blanco con la tela enredada en los tobillos. Que el traje de licra se desgarre de la entrepierna, sufrir un desmayo repentino. Que el público desde sus butacas descubra todo lo que intento esconder.

Luz me dijo que cuando algo nos pone nerviosos, es porque de verdad nos importa. Se lo dijo su mamá antes de despedirla en los camerinos. Su mamá es psicóloga como la mía. 

Yo por mi parte deseé con todas mis fuerzas beberme una cerveza o un shot de tequila justo antes de salir a escena. Eso funciona. Así libraba las exposiciones en la universidad y otras tantas exigencias del mundo neurotípico. 

Pero, honestamente, esto no lo quería simplemente librar; estar aquí haciendo cosas, viviendo la vida a trompicones, cuánto lo desearía papá.

Incluso si a mitad de la canción y en posición de Buda, mi vejiga decidiera liberar todo ese Gatorade de fresa que me tomé de filo por pura ansiedad, tendría la opción de darle a ese accidente una significación poética. Podría por ejemplo asegurar que fue la mar de placentero sentir mi orina tibia corriendo entre mis muslos y que lo hice a posta para narrar la anécdota. Y aunque nadie lo creyera, también esa extravagante posibilidad existía en el repertorio de quien tiene voluntad.

Ensayo en el parque.
Heridas por la fricción de la tela

Tras bambalinas, intenté sin éxito distinguir entre el público a Ángel y a Regina. Qué gran acierto no invitar a nadie más. Mi número era el quinto después del intermedio, así que tenía oportunidad para entrar y salir de crisis varias veces si me lo proponía, pero la misma ceguera del tiempo que me dificulta ser puntual, también entorpece mi proyección a futuro, lo cual es relativamente favorable en estas situaciones. Digo relativamente porque siempre existe el riesgo de colapsar si los nervios se me detonan de golpe en el escenario.

Sirena, palitos, Buda, flor de loto, pajarito y cisne. Todo está literalmente en mis manos. 

En camerinos

Anunciaron mi canción: Glory box, de Portishead; algunos roquerillos del público se entusiasmaron. Temí decepcionarlos.

El telón a punto de levantarse; la maestra acomodando la tela tras de mí, las dudas más impertinentes, la certeza de ese momento.

“Maestra, no. Ya no quiero. Por favor, no” Ella podrá constatar mi súplica. 

No sé si me dijo tranquila, respira, o todo va a estar bien, pero se fue y yo me quedé tan sola y vulnerable, que cuando se levantó el telón no me quedó más que matar cada una de mis expectativas y ejecutar.

Todo ha ido tan rápido… Hace tres meses no tenía esta forma de estar en el mundo, estas ganas de adueñarme de mi cuerpo, esta forma de retar a la vida.

¿Qué sigue, Erandy?

Video de @an666el

Sala de espera del IMSS


Una respuesta a «Como quien tiene voluntad»

  1. Yo no sé cómo funciona el metil. También he tenido mis periodos de escasez de medicamento o de no tomarlo por semanas después de meses de ser profundamente puntual. Ahora en este rezago, me siento dispersa, distraída, olvidadiza, incapaz de organizarme, incapaz de terminar más de una sola cosa, mi dieta es un caos… Como dices, es como empezar de cero. Y que bonito que lo cuentes tal cual, incluso con la parte de la pipi.

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PARECE CHISTE PERO ES ANÉCDOTA

Salí en patines rumbo al trabajo. Llegué al metro y descubrí que había olvidado mis zapatos. Volví a casa por mis zapatos y descubrí que había dejado la llave adentro. Compré unas chanclas en el supermercado y me fui al trabajo. El día apenas comenzaba.

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